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Hacer voluntariado en África

Publicado por Gonzaventuras 27 septiembre, 2016 0 Comentarios

Lo primero que tengo que aclarar es que yo no hice voluntariado, fui a Ghana para ayudar a mi primo con algunas cosas de la ONG de la que forma parte, y aunque no viví la experiencia del voluntariado, puede ver aquello de cerca, y comprender algunas cosas.

Una de las cosas que quisimos hacer, fue un vídeo que sirviese a los futuros voluntarios para hacerse una idea de cómo sería su vida en Ghana, y aunque no es exactamente lo que tuvimos en mente, nació el vídeo que puedes ver más arriba. Pero hoy vengo a compartir ciertas reflexiones y cosas que aprendí.




Lo normal es que si te apetece ir a algún sitio de voluntariado sea porque quieres “hacer bien en el mundo”. En los países más desarrollados estamos “avanzados” y queremos transmitir esos conocimientos a lugares más empobrecidos para “ayudarles”. Pero todo esto va entre comillas por algo: porque no es tan sencillo. Hay que ser conscientes de que quizá no estemos “haciendo el bien en el mundo”, quizá ese “avance” nuestro va acompañado de una sociedad cada vez más estresada por los ritmos de trabajo, por un sentimiento de la propiedad cada vez más arraigado que nos lleva a la codicia, por un aumento del índice de suicidios, etc. Por tanto ¿Quién nos dice a nosotros que tenemos que ir allí a “imponer” nuestra forma de vida? Quizá ellos no quieran…

Esto no quiere decir que esté “mal” hacer voluntariado, para nada, solo quiere decir que hay que hacer las cosas con cautela, observando más allá, he intentado no crear una imagen distorsionada de nosotros y nuestros países “desarrollados”.

Nuestras modas, publicidad, películas, etc. llegan muchas veces a países subdesarrollados, dando imagen de que por ejemplo un móvil de última generación, un buen traje, o un cochazo son fundamentales y primordiales. Imagen que llega a sitios en que muchas veces no tienen ni que llevarse a la boca, y ves gente sin poder comer pero con conexión a Internet en el móvil…

Nos presentamos allí volando en aviones que nos ponen en el país que queramos por unos pocos euros, vamos como turistas, como viajeros o como voluntarios con nuestros teléfonos y nuestras cámaras de fotos. Cosas que quizá en nuestro mundo nos cuesta conseguir, pero que para otras personas, en su mundo son inalcanzables. Nunca se me olvidará cuando hubo alguien de allí que nos dijo “La vida de una persona blanca muerta, vale más que la vida de 20 negros vivos”. Muy triste que les hayamos transmitido eso…

Balones para GhanaUn pequeño ejemplo práctico de cómo intentar hacer las cosas con cabeza (a mi entender) es el siguiente: Yo llegué a Ghana con una maleta llena de balones para dar a los niños de allí, podía haber llegado, haberme presentado ante los niños, y empezar a repartir pelotas viendo sus caras de felicidad y sintiéndome como un héroe; pero optamos por una opción más prudente, y en la que no se daba una imagen de “blanquito con todo al alcance de su mano”. Consistió en darle todos esos balones a un adulto nativo de Ghana, y que el fuese suministrando los balones poco a poco según fuese necesario a lo largo del tiempo.

Cómo decía antes, no creo que hacer voluntariado este mal, más bien, todo lo contrario, creo que todo el mundo debería experimentar el voluntariado en cualquier lugar “subdesarrollado”, no por lo que pueda aportar allí, sino por lo que esa persona puede aprender para sí misma, y traer esos conocimientos adquiridos de vuelta a nuestra sociedad.

El aprender a vivir con menos nos aporta mucho, nos da capacidad para adaptarnos a los cambios, nos hace fuertes, nos hace solidarios, nos hace humanos. Ver cómo un simple cubo de agua recogida de un pozo es suficiente para darse una ducha, ver cómo se puede mover uno en trotro (transporte público en el que se va como sardinas) sin necesidad de nuestros vehículos particulares, ver cómo hay tanta gente viviendo con tan poco y a la que no se le borra la sonrisa de la cara, etc. Y mientras tanto, nosotros en nuestros mundos nos quejamos de vicio…

Hay un mediometraje llamado “Binta y la gran idea” el cual recomiendo ver, que hace reflexionar mucho sobre todo esto. Dejo a continuación el vídeo, y tras este, el texto que figura en la carta de dicho vídeo.

“Me he enterado gracias a mi amigo Souleyman de los asombrosos acontecimientos que suceden en el mundo de los tubab. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a los grandes ingenios que les permiten extraer el máximo de lo que la tierra nos ofrece. Por lo visto los tubab, gracias a la increíble cantidad de peces que son capaces de coger, obtienen tantos beneficios que ya no necesitan preocuparse los unos de los otros.

Por todo ello, y comprendiendo que si seguimos el camino que el primer mundo nos marca, corremos el riesgo de que los hijos de nuestros hijos se queden sin peces, sin árboles, sin aire, que el afán de acumular bienes nos lleve a perder el sentimiento de solidaridad, y que el miedo a perder las riquezas acumuladas nos lleve a destruirnos entre nosotros.

Por todo esto me veo en la obligación de aportar mi pequeño grano de arena y hacer algo por evitar el desastre. Es por esta razón que solicito iniciar los trámites de adopción de un niño tubab, ya destetado a ser posible, para que pueda aquí desarrollarse como persona y adquirir los conocimientos necesarios para ser feliz en nuestra humilde comunidad.

Así este niño, cuando sea hombre, podrá contribuir al progreso de la humanidad, que tanto nos preocupa a todos nosotros.“

Al fin y al cabo, un voluntario sería ese niño tubab.

Por si a alguien le interesa, la pequeña ONG con la que estuve es http://www.evangghana.org/

Ya sabéis que podéis seguir mis aventuras en Youtube y Facebook. ¡Os espero! 

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